Max y Alex salieron de la casa Moratti con la calma peligrosa de los hombres dispuestos a a detener la boda… y lo que están dispuestos a hacer cuando lleguen.
El sol de la mañana caía limpio sobre el jardín. Ambos caminaban con elegancia natural, sin prisa, como si el mundo se hubiera detenido para observarlos pasar.
Max llevaba el saco perfectamente acomodado sobre los hombros; Alex, con las manos en los bolsillos, irradiaba esa mezcla de despreocupación y amenaza que le era tan propia.
A uno