Del otro lado de la línea, el hombre dejó salir una larga bocanada de humo del puro. Se escuchó también el golpe suave de sus dedos, como si tocara el escritorio con impaciencia.
—Adelante —ordenó, sin ninguna emoción aparente.
La puerta del despacho se abrió y una empleada entró con pasos cortos y tensos.
—Señor Harry… —dijo con la voz contenida—. Abajo hay alguien que pide verlo.
Harry alzó la vista con irritación elegante, como si cualquier interrupción fuera una ofensa personal para él.
—Dile que estoy ocupado, o que no estoy —respondió con desgano.
Se puso de pie, acomodó su chaqueta con un movimiento lento, casi ceremonial.
Caminó hacia el espejo que tenía en la pared, observó su reflejo impecable, la barba perfectamente delineada, el cabello arreglado hacia atrás.
—Hoy será un día muy especial… —murmuró, sonriendo de lado—. Además, debo hacer una visita.
La mujer tragó saliva, asintió y salió de inmediato para no molestar más.
Harry apagó el puro, tomó las llaves y salió tambi