Del otro lado de la línea, el hombre dejó salir una larga bocanada de humo del puro. Se escuchó también el golpe suave de sus dedos, como si tocara el escritorio con impaciencia.
—Adelante —ordenó, sin ninguna emoción aparente.
La puerta del despacho se abrió y una empleada entró con pasos cortos y tensos.
—Señor Harry… —dijo con la voz contenida—. Abajo hay alguien que pide verlo.
Harry alzó la vista con irritación elegante, como si cualquier interrupción fuera una ofensa personal para él.
—Di