Leonardo se giró lentamente, pasando una mano por su rostro, como si aquella confirmación no fuera una sorpresa sino la pieza final de un rompecabezas que llevaba demasiado tiempo armando.
—Lo sabía… —murmuró, negando con la cabeza—. Lo sabía.
Alzó la mirada, y por primera vez desde que había entrado a la bodega, una furia contenida brilló en sus ojos. El nombre de Harry pesaba como nunca en el aire, cargado de traiciones, poder y una amenaza que iba mucho más allá de Emma.
Leonardo lo sabía, por ello había ido desde un comienzo ahí, solo que no tenía pruebas, ahora tenia la confesión de emma…Ya no había dudas
El jefe de policía dio un paso al frente, acomodándose la gorra con gesto incómodo.
—Moratti —dijo con cautela—, creo que eso no será suficiente para entrar a la casa del señor presidente. Usted sabe cómo funcionan estas cosas.
Leonardo lo miró de reojo, sin perder la calma.
—De eso me encargo yo —respondió—. Solo le pido una cosa… déjeme hacer las cosas a mi manera.
Emma, aún a