Leonardo se giró lentamente, pasando una mano por su rostro, como si aquella confirmación no fuera una sorpresa sino la pieza final de un rompecabezas que llevaba demasiado tiempo armando.
—Lo sabía… —murmuró, negando con la cabeza—. Lo sabía.
Alzó la mirada, y por primera vez desde que había entrado a la bodega, una furia contenida brilló en sus ojos. El nombre de Harry pesaba como nunca en el aire, cargado de traiciones, poder y una amenaza que iba mucho más allá de Emma.
Leonardo lo sabía, p