Mientras tanto, en el extremo opuesto de la ciudad, las luces de la bodega apenas lograban ver a lo lejos. El vehículo negro se detuvo frente a la entrada principal y Leonardo fue el primero en bajar.
Su expresión era dura, impenetrable. Martín descendió a su lado, ajustándose la chaqueta, y Ethan cerró la marcha, observando el entorno con atención militar. Nadie decía nada y la verdad no hacía falta. La tensión se respiraba en el aire.
Avanzaron a pasos agigantados, cruzando el portón metálic