Durante unos minutos, el silencio fue absoluto. Hasta que el viejo empresario, con esfuerzo, alzó una mano temblorosa y se retiró nuevamente la mascarilla. Ethan, que había permanecido de pie a su lado, se giró de inmediato.
—¿Señor? —preguntó con cautela.
Pablo abrió los ojos, cansados pero firmes.
—Una cosa más, Ethan —dijo con voz áspera—. Mi hija… debe recibir todo seis meses después de mi muerte. No antes. No quiero que esa… zorra de Emma le arrebate lo que le pertenece.
Ethan inclinó la c