Los pasos firmes de un hombre resonaban por los largos pasillos del hospital, amortiguados por el brillo del mármol y el olor a desinfectante que impregnaba el aire. El eco acompasado se mezclaba con los murmullos lejanos de enfermeras, el zumbido constante de las máquinas y el lamento de una ambulancia que se desvanecía en el exterior.
El hombre avanzaba sin prisa, pero con la determinación de quien sabe exactamente a dónde va. Su traje gris oscuro parecía cortado a medida para su porte impone