El silencio se apoderó de la habitación cuando el hombre se dejó caer pesadamente a un lado de la cama, el cuerpo aún cubierto por el sudor y la respiración entrecortada. Emma giró sobre las sábanas revueltas, mirándolo con una mezcla de fastidio y deseo que no podía negar. Aun con el cabello desordenado y la piel enrojecida, conservaba ese aire de superioridad que la hacía sentirse importante, deseada… viva.
—A veces me pregunto cómo es que sigo corriendo detrás de ti —murmuró con un dejo de b