Ariana descendió del vehículo con paso firme frente al imponente edificio de Energy, la empresa que durante tres años había sostenido desde las sombras.
El cristal reflejaba su imagen: más fuerte, más serena, más mujer. Nada quedaba de la joven rota que había huido creyendo que lo había perdido todo.
Respiró hondo antes de cruzar las puertas giratorias.
El vestíbulo era amplio, moderno, lleno de vida. Empleados caminaban de un lado a otro, pero bastó que ella avanzara para que las miradas se giraran. No por reconocimiento aún, sino por esa presencia que no se explica, solo se siente.
Tomó el ascensor privado y presionó el último piso.
Cada segundo de subida fue una cuenta atrás.
Cuando llegó, caminó por el pasillo alfombrado hasta detenerse frente a una puerta de madera oscura. Tocó dos veces, firme.
—Adelante —respondió la voz masculina desde el interior.
Ariana abrió.
—Hola.
Ethan alzó la vista de los documentos. Por un segundo se quedó inmóvil… luego se puso de pie con una sonrisa