La noche los envolvió en cuanto el auto cruzó los altos portones de la mansión.
Ariana apenas había bajado cuando dos pequeñas sombras salieron disparadas desde la entrada principal.
—¡Mamá! —gritó una voz infantil, cargada de emoción.
Ariana apenas tuvo tiempo de dejar su bolso sobre el asiento cuando se agachó instintivamente y recibió el impacto de dos cuerpecitos que se aferraron a sus piernas como si temieran que volviera a desaparecer.
Sus manos se deslizaron por los cabellos oscuros de