La biblioteca de la mansión Rosewood, con sus techos de doble altura y sus miles de lomos de cuero, se sentía ahora como el estómago de una bestia que acababa de devorar la última brizna de esperanza de Lauren. Las palabras de Alexander en el pasadizo secreto —aquella confesión de que su terror era solo una pieza de ajedrez, un "recurso escénico" para atraer a los socios de Silas Pierce— habían actuado como un ácido corrosivo sobre su corazón.
Lauren caminaba por el ala este, sintiendo que cada