El aire en el pasadizo secreto se había transformado en una sopa espesa de gas isoflurano y polvo de madera vieja. Lauren sentía sus pulmones arder, cada bocanada de aire era una traición de su propio cuerpo que la empujaba hacia un abismo de inconsciencia. Sus dedos, entumecidos por el agente paralizante que Malcom había diseñado con tanta precisión, rasguñaban la pared de acero que la mantenía prisionera. El mundo se volvía borroso, una acuarela de sombras y luces de emergencia que parpadeaba