La suite 402 del Grand Imperial se había transformado en un escaparate de cristal suspendido sobre un abismo de depravación digital. Lauren, con el corazón martilleando contra sus costillas, observaba el monitor de su tableta mientras el contador de espectadores en la Dark Web ascendía con la frialdad de un cronómetro de ejecución. Los pasos en el pasillo, rítmicos y pesados, no eran los de un equipo de rescate, sino los de un equipo de limpieza que no buscaba el anonimato, sino la gloria sangr