El amanecer sobre la ciudad tenía el color de la ceniza y el hierro. Tras el estruendo y el silencio mortal del hotel Grand Imperial, el mundo parecía haberse detenido en un suspiro de horror. El cuerpo de Rebecca Moore yacía sobre la alfombra de la suite, rodeado de fragmentos de cristal que reflejaban la luz de las sirenas de policía que ascendían por la fachada de cristal del edificio. Lauren, sentada en el suelo con el bebé apretado contra su pecho, no podía apartar la vista de los ojos abi