Había aprendido a moverme en silencio.
A marcar las cosas que eran mías con una cinta discreta, a fotografiar documentos importantes, a mirar fotos de mi nuevo departamento en mi celular con el brillo al mínimo. A borrar el historial. A no dejar rastro.
No porque estuviera haciendo algo malo.
Sino porque sabía que, si Günter me miraba de la forma en que solía hacerlo, tal vez me derrumbaría.
Cassian había alquilado el lugar. Pequeño, pero luminoso. Con una cocina blanca y un balcón desde el que