No respondí.
No porque no supiera qué decir, sino porque en ese momento, el silencio parecía más honesto que cualquier palabra.
"Te amo", había dicho.
Y aunque durante años lo había esperado, ahora ese "te amo" se sentía como una carta perdida que llegaba después del entierro. Como una flor sobre una tumba. Bella, pero inútil.
Nos quedamos quietos, los dos. Él con los ojos puestos en mí, como si esperara un milagro. Yo con la mirada perdida en el suelo, sintiendo cómo su confesión caía entre no