Los días pasaban con la lentitud de las cosas que duelen.
Boston seguía gris, pero ya no me dolía tanto. O quizá sí, pero de otra forma. Como una cicatriz que arde solo cuando llueve.
Había aprendido a hacer listas.
De lo que necesitaba comprar. De los trámites por resolver. De los libros que algún día querría leer.
Era una forma de no pensar en él. O de pensarlo con estructura.
Cassian se convirtió en mi sombra discreta. Aparecía cuando lo necesitaba, desaparecía cuando me encerraba en mí. A v