Esa noche no pude dormir. El apartamento estaba en calma. Cassian se había duchado y se había quedado leyendo en el sofá, dándome espacio sin decirlo, como si supiera que lo que había pasado durante el almuerzo necesitaba tiempo para asentarse.
Yo me encerré en la habitación. Pero no para esconderme. Para entender.
Me miré en el espejo. No como tantas veces antes, buscando disimular una herida, camuflar una culpa, o fingir una entereza que no tenía.
Me miré como alguien que está empezando a ver