Nos mudamos un viernes. Sin alboroto, sin ayuda profesional, sin promesas exageradas. Solo nosotros dos, algunas cajas, y una certeza tranquila: esta vez no era huida, era elección.
El ático ya nos esperaba. Amplio, luminoso, con vistas que cortaban el aliento y detalles que hablaban de alguien que había vivido bien… pero que ahora quería vivir mejor. Con alguien. Conmigo.
Cassian abrió la puerta con una sonrisa de esas que no necesitan palabras. Entré primero, cargando una caja pequeña con mis