Desperté con la sensación de seguir flotando. La luz entraba suavemente por las cortinas entreabiertas del ático, y durante unos segundos, no recordé dónde estaba. O mejor dicho, no me hizo falta recordarlo. Sabía que estaba en casa.
Cassian seguía dormido a mi lado, una de sus manos sobre mi cintura, su respiración pausada, tranquila, ajena al caos que usualmente lo rodeaba. Lo observé en silencio, memorizando la curva de su mandíbula relajada, el leve ceño que todavía fruncía incluso al dormi