El automóvil se detuvo frente a un edificio iluminado por luces vibrantes que parecían respirar al ritmo de la música que escapaba desde su interior.
Diana observó el lugar a través de la ventana.
Sus dedos descansaban sobre su regazo, entrelazados, tensos.
—Llegamos —dijo Edith con una sonrisa suave, girándose hacia ella.
Diana tragó saliva.
—Es… más grande de lo que imaginaba.
Edith soltó una pequeña risa.
—Este es uno de los lugares más exclusivos de la ciudad. No te preocupes, nadie