Londres amaneció cubierta por una fina llovizna.
Las gotas golpeaban suavemente los ventanales del apartamento de Evans y Edith mientras la ciudad comenzaba a despertar.
Sin embargo, aquella mañana había algo diferente.
Algo que nadie más conocía.
Algo que Edith llevaba guardando desde hacía dos días.
Y sinceramente...
Ya no podía seguir callándolo.
Sentada en la cocina, observó nuevamente el pequeño resultado que había cambiado por completo su mundo.
Positivo.
Completamente positivo.
Por terce