La habitación estaba en silencio.
Un silencio pesado.
Denso.
Interrumpido únicamente por el sonido constante de los monitores médicos.
Jeremy sintió aquel sonido incluso antes de abrir los ojos.
Era un pitido lejano.
Monótono.
Persistente.
Como si alguien estuviera llamándolo desde muy lejos.
Todo su cuerpo dolía.
Cada músculo.
Cada hueso.
Cada respiración.
Intentó moverse.
No pudo.
El dolor apareció inmediatamente.
Brutal.
Implacable.
Sus párpados pesaban.
Pero aun así cons