La noche había caído sobre Londres.
La lluvia golpeaba suavemente los ventanales del despacho.
Jeremy permanecía de pie frente a la enorme cristalera.
Su figura se reflejaba sobre el vidrio oscuro.
Por primera vez en mucho tiempo no observaba la ciudad.
No le interesaban las luces.
No le interesaban los negocios.
No le interesaba nada de aquello.
Su mente seguía atrapada en una habitación de hospital.
En una pérdida que jamás podría recuperar.
El recuerdo de Diana llorando todavía desgarraba al