Al día siguiente.Los golpes en la puerta resonaron con insistencia.Cada uno más fuerte que el anterior, como si el mundo exterior no tuviera paciencia para lo que había ocurrido dentro de aquella habitación.Una vez. Dos veces. Luego otra más.Y después, el silencio.Pero no el silencio de la calma.Era un silencio denso, incómodo, casi antinatural.Como si el tiempo no hubiera avanzado realmente desde la noche anterior.Como si la habitación se hubiera quedado atrapada en un instante que no quería morir.Las cortinas apenas se movían con el aire del sistema de ventilación del hotel.La luz del amanecer entraba fría, cortando la oscuridad en líneas pálidas que caían sobre el desorden del cuarto.Las sábanas estaban revueltas.Afuera, en el pasillo, el personal del hotel intercambiaba miradas tensas.Nadie hablaba demasiado alto. Nadie quería ser el primero en nombrar lo evidente.Porque el hombre que había llegado esa madrugada no era un huésped común.El señor Lassani. Un hombre qu
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