Al quedar solos, el aire en la habitación cambió de peso.
Minnie se quedó de pie unos segundos, mirando a Rocco como si aún intentara entender en qué momento todo había dejado de ser una decisión para convertirse en una condena.
La rabia llegó primero. No el llanto.
Su mano se levantó antes de que ella misma lo pensara.
El golpe resonó seco.
Rocco apenas giró el rostro.
Minnie respiraba agitada.
—¿Por qué hiciste esto? —su voz tembló entre rabia y algo más frágil— ¿Por qué yo?
Él la miró despac