El palacio no parecía real.
Lyria lo miraba desde el carruaje con los ojos abiertos de par en par, aunque recordaba una y otra vez no hacerlo de forma evidente. Las torres se elevaban como lanzas hacia el cielo, el mármol claro brillaba bajo la luz del mediodía y las ventanas altas reflejaban el sol como si guardaran fuego dentro.
—No mires con asombro —murmuró su hermano.
Ella bajó la barbilla de inmediato.
Pero era imposible no sentirlo.
No era solo grande.
Era imponente.
Hermoso.
El