La decisión no se anunció, pero quedó clara en la forma en que el padre de Elinor cambió la mirada, endureciéndose con determinación. No era un hombre que negociara cuando su familia estaba en riesgo, y mucho menos cuando lo que estaba en juego era algo tan grande como el honor, el poder y la estabilidad del reino.
—Denles lo que piden —ordenó con voz firme.
La tensión no desapareció, pero se transformó en algo más controlado, más calculado. Los hombres intercambiaron miradas, desconfiados,