La confesión no llegó de inmediato, como si su madre necesitara reunir un valor que había pasado años evitando, sosteniendo ese secreto en silencio hasta que ya no pudo contenerlo más. Elinor la observaba con el pecho aún agitado, sin saber exactamente qué esperar, pero sintiendo que lo que estaba a punto de escuchar iba a cambiarlo todo.
—Cuando naciste… —comenzó su madre, con una voz más frágil de lo que ella recordaba— no estabas sola.
Elinor frunció el ceño, confundida, intentando procesar