El libro no se movió de donde lo había dejado el día anterior.
Lyria lo miró desde la distancia varias veces a lo largo de la mañana, como si con solo observarlo pudiera resolver el problema que representaba, pero cada vez que pensaba en abrirlo, algo dentro de ella se tensaba.
No podía seguir evitándolo.
Pero tampoco podía enfrentarlo sola.
—Necesito tu ayuda —dijo finalmente, girándose hacia su sirviente.
La joven la miró con curiosidad, acercándose.
—¿Con qué, mi lady?
Lyria