Tras el té con Lady Valeria de Armandelle, el palacio cambió, o al menos la visión que Lyria tenía de él. No hubo escándalos ni enfrentamientos abiertos, pero el aire se volvió denso, cargado de una hostilidad silenciosa. Aquellas mujeres la veían como una amenaza, y aunque Lyria no terminaba de entender por qué, compartía un deseo ferviente con sus enemigas: que esa boda nunca se celebrara.
Durante los días siguientes, sintió que caminaba sobre hielo delgado. Los nobles inclinaban la cabeza co