La noticia se propagó por el palacio como fuego en campo seco: el Rey Demonio había elegido reina. El hermano de Elinor apenas podía ocultar su orgullo mientras caminaba junto a ella por los jardines, donde se había organizado una comida improvisada para celebrar el anuncio.
—¿Ves? —dijo en voz baja, incapaz de contener la sonrisa—. Sabía que estabas destinada a algo grande.
Lyria caminaba a su lado con el vestido claro que le habían asignado tras la proclamación.
—No esperaba esto —admitió.