La puerta de sus aposentos se abrió sin aviso.
Lyria estaba de pie frente al espejo, observando el vestido claro que había elegido para el viaje al reino. No era el más ostentoso, pero sí el más apropiado para una despedida formal. Sus manos alisaban la tela una y otra vez, como si pudieran suavizar también el temblor en su pecho.
Cuando escuchó el leve crujido de la puerta, se giró de inmediato.
La madre de Elinor entró.
Su figura era delicada, vestida de tonos suaves. El rostro, normalmente s