La furia de su padre no fue lo que más le dolió, sino lo que vino después, la forma en que dejó de mirarla como antes, marcando una distancia que no existía previamente y que ahora se sentía imposible de ignorar, cargada de una decepción que pesaba mucho más que cualquier reproche.
Elinor la sintió con una claridad insoportable, clavándose más profundo que cualquier reproche, porque no había gritos ahora, no había acusaciones constantes, solo esa mirada fría que parecía evaluar todo lo que hab