El libro permaneció entre sus manos más tiempo del necesario, no porque lo estuviera leyendo, sino porque no sabía qué hacer con él.
Lyria lo sostenía con cuidado, como si en ese gesto pudiera esconder la verdad que la incomodaba, pasando suavemente los dedos por la cubierta, memorizando la textura, el peso, incluso el olor, como si eso bastara para fingir que pertenecía a ese mundo.
Pero no lo abría.
Y aun así, cuando levantó la mirada y encontró a Edrion observándola, esbozó una pequeñ