Edrion sostuvo su mirada un momento más, como si lo que ella le ofrecía no terminara de encajar en su forma de entender el mundo, y luego negó levemente, no con rechazo, sino con una firmeza tranquila que no dejaba espacio para cambiar su decisión.
—Para eso estás tú —respondió—, tú serás mi corazón, mi conciencia, todo aquello que yo no puedo ser.
Sus ojos no se apartaron de los de ella.
—Pero yo no puedo dejar de ser quien soy.
Lyria lo observó, sintiendo cómo esas palabras chocaban con lo qu