El carruaje se detuvo frente a las puertas de la mansión con un rechinar áspero, y Elinor sintió cómo su corazón se aceleraba al reconocer el lugar incluso antes de levantar la mirada. Su casa. Su verdadero hogar. Durante un instante, algo dentro de ella se quebró, no por debilidad, sino por todo lo que había tenido que atravesar para regresar.
Los hombres descendieron primero, intercambiando miradas rápidas antes de acercarse a los guardias de la entrada con una seguridad que no les pertenecía