El Consejo había quedado en silencio después de que Sech diera su veredicto. Nadie se atrevió a contradecirlo cuando afirmó que Lysander no sería juzgado mientras su mente siguiera atrapada en aquel estado infantil. Aun así, los ancianos salieron molestos, murmurando entre ellos, dejando claro que insistirían en una condena en cuanto el príncipe diera la menor señal de lucidez.
Sech salió de la sala con el peso del mundo sobre los hombros. No quería volver a ver a su hermano encerrado, pero tam