El ala de sanación del palacio había sido transformada en un calabozo de alta seguridad, silencioso y aséptico. En su interior, el cuerpo de Lysander yacía sobre una cama, custodiado por la presencia imponente de dos guardias reales. Su rostro, aunque pálido, había perdido la tensión del hombre adulto que había sido. Ahora, dormía con la placidez de un niño.
Isis se acercó con cautela. La atmósfera alrededor de Lysander era pesada, una mezcla de dolor físico y una tristeza infantil. Sech se enc