Las palabras de Alexandra resonaron en Adriano durante días. "Te amo, pero duele". Era una verdad desgarradora que lo llenaba de una esperanza agonizante y de una culpa renovada. Sabía que su silencio respetuoso y sus gestos de servicio ya no eran suficientes. Ella había dado un paso monumental al admitir sus sentimientos. Ahora era su turno. Debía desnudar su alma por completo, sin armaduras, sin orgullo. Debía dejar que el León mostrara sus cicatrices.
La oportunidad llegó una noche tranquila