—Yo… —susurró Elyna, con la voz quebrada y apenas audible—… yo me desmayé… pensé…
—Fue la anemia —respondió Julián, con suavidad, sosteniéndola con firmeza y con una mirada que irradiaba calma—. Y el embarazo. Pero estás bien… nuestro hijo está bien.
Las lágrimas comenzaron a deslizarse por las mejillas de Elyna, silenciosas, pero profundas, como si llevaran años atrapadas en su interior.
Su respiración era entrecortada, temblaba apenas, y cada parpadeo parecía un esfuerzo.
Había un brillo incon