En el hospital
Julián llegó al hospital con el corazón desbocado, cargando a la pequeña Lucero entre sus brazos como si su propio cuerpo fuera lo único que aún la mantenía a salvo del caos. La niña estaba en silencio, demasiado callada para su edad, aferrada a su cuello con una fuerza que hablaba de miedo. Cada paso por los pasillos blancos le parecía interminable.
El olor a desinfectante, las luces frías, el sonido lejano de camillas y monitores… todo lo envolvía en una sensación de urgencia qu