Lucero se levantó del sillón con un movimiento brusco, ignorando el temblor de sus piernas.
El aire en la suite del hotel parecía haberse agotado de repente.
Miró los trozos de papel esparcidos por la alfombra, aquellos fragmentos que representaban su libertad ahora convertidos en basura.
—¿Qué es lo que haces? —preguntó ella, con la voz cargada de una incredulidad dolorosa—. ¿Por qué rompiste los papeles de divorcio? ¡Eran nuestra salida, Gabriel! ¡Tú mismo aceptaste los términos!
Gabriel perm