Lucero estaba sentada frente a la mesa.
Sus dedos temblaban de forma casi imperceptible
Levantó la vista y lo miró a él. Quiso escrutar su rostro, buscó desesperadamente alguna señal de arrepentimiento, una chispa de duda en sus ojos o un ligero titubeo en su postura.
Sin embargo, no encontró nada más que una determinación gélida que la dejó sin aliento.
Él esperaba. No decía nada, pero su sola presencia llenaba la habitación con una presión asfixiante.
Lucero bajó la mirada hacia el papel blan