El trayecto hacia la mansión Senegal fue un funeral en vida para Elyna.
Sentada en el asiento trasero. A su lado, Esteban irradiaba una felicidad maníaca, una euforia que rayaba en lo absurdo.
El chofer conducía a toda velocidad.
Esteban no dejaba de mirarla. Su sonrisa era suave, casi tierna. Intentó tomar su mano, pero Elyna la apartó con una frialdad que habría congelado el acero.
Ella mantenía la vista fija en la ventana, viendo cómo el mundo exterior se desvanecía, negándose a concederle si