Cuando Lucero despertó, los rayos de sol se colaban suavemente por la ventana, pintando la habitación con una luz dorada y cálida.
Durante unos segundos permaneció inmóvil, disfrutando de esa calma que pocas veces había sentido en su vida. Todo parecía suspendido en el tiempo, como si el mundo hubiera decidido darles una tregua.
Giró el rostro lentamente.
Ahí estaba él.
Gabriel dormía a su lado, con el cabello ligeramente desordenado y una expresión serena que contrastaba con la intensidad que l