—¿Qué significa esto? —exclamó Gabriel al ponerse de pie de forma abrupta, con el rostro tenso y la incredulidad reflejada en sus ojos.
El ambiente del jardín cambió en un instante. Las conversaciones se apagaron poco a poco, mientras las miradas se dirigían hacia Verónica y Odín, que permanecían tomados de la mano, firmes ante todos.
Verónica respiró hondo antes de hablar, pero no soltó la mano de él.
—Hermano, no empieces, por favor —dijo con serenidad, aunque su voz tenía un matiz firme—. Déj