El aire frío de la noche azotaba el rostro de Julián, pero él no sentía el impacto del clima.
Lo único que ocupaba su universo en ese instante era el peso de Elyna en sus brazos.
Ella se aferraba a su cuello como si fuera la única ancla en medio de una tormenta que amenazaba con devorarlos a ambos.
Julián la miró, buscando en sus ojos las huellas del horror por el que sabía que había pasado.
—¡¿Por qué lo hiciste, Elyna?! —exclamó él, y su voz, una mezcla de alivio y angustia, se quebró en el si