El sol de la mañana se filtraba a través de las cortinas de la habitación.
Elyna observaba a Julián mientras este dormía; las marcas en su rostro eran recordatorios brutales de la injusticia, pero su respiración era, por fin, la de un hombre libre.
Ella deseaba con toda su alma que él se quedara allí, que el mundo se detuviera y que pudieran recuperar el tiempo robado entre las sábanas de seda.
Sin embargo, Gerardo, llamó a la puerta con la urgencia de quien sabe que el hierro debe golpearse mie