A la mañana siguiente, Elyna salió del baño con el cuerpo aún tibio del agua que la había relajado y calmado, y sintió cómo cada músculo se desperezaba.
Ya estaba vestida, con un vestido ligero que caía suavemente sobre sus curvas, y se peinaba frente al espejo de la habitación, intentando organizar su cabello rebelde que aún mantenía la humedad de la ducha.
El aroma a su perfume, dulce y delicado flotaba en el aire mezclándose con el olor a madera y a hierba que entraba por la ventana.
Julián e