—¿Qué dices? ¿Embarazada? ¡No es mi hijo! —la voz de Odín se elevó con fuerza, cargada de incredulidad y rechazo.
—¡No te atrevas! —gritó Gabriel, levantándose de golpe.
Las personas alrededor comenzaron a mirarlos. El murmullo del restaurante se transformó en un silencio incómodo, como si todos intuyeran que algo importante estaba ocurriendo.
Gabriel apretó los puños, conteniendo la rabia que amenazaba con desbordarse.
—Es tu hijo —dijo con firmeza—. Mi hermana sufrió un intento de abuso.
Las