La noche pesaba sobre la cabaña como una sombra espesa. Afuera, el viento golpeaba los árboles con fuerza, haciendo crujir las maderas viejas. El fuego se había apagado hacía horas, y el aire frío se deslizaba por las rendijas de las paredes como si buscara meterse bajo mi piel.
Dormía.
O algo parecido a dormir.
Mi cuerpo reposaba, sí, pero mi mente estaba atrapada en una espiral oscura, donde el miedo era real y el dolor tenía voz.
Soñaba que el Consejo me encontraba.
Que abrían la puerta de l